style="margin-top:40px;". El polvo rápido o amar en libertad - Belleza con Luza Ríos

El polvo rápido o amar en libertad

La sexualidad es algo muy personal, y pese a ello, cada relación en pareja es diferente.  Una persona actúa de una u otra forma de acuerdo a la libertad de expresión que le profese el amante.  El tiempo es muy subjetivo: puede  llevar mucho tiempo la intensidad de la pasión y el deseo, después de no verse durante un largo periodo, y disfrutar de caricias, juegos y una variada gama de erotismo que acompañan las ganas de satisfacer al amante.  Si llevamos una faena amorosa durante varias horas, y llega el momento de despedirse, entonces optamos por el último y puede ser de unos cuantos minutos.  Los yanquis son especiales, tienen tiempo para estresarse, para trabajar, y se relajan eyaculando;  decidir cuanto tiempo necesitan los seres humanos en su sexualidad es encasillarnos a todos en la robótica del polvo rápido.  Este estudio está hecho por personas que piensan solo en la penetración y eyaculación, las mujeres necesitamos más que eso.  Los preliminares amatorios son esenciales para una mujer, y eso conlleva a que al  menos disfrutemos de unos treinta minutos como mínimo, sin encasillarnos en un tiempo exacto, pues la sexualidad es infinita, así mismo es su tiempo.  Existen los eyaculadores precoces,  existen los amantes, y también los súper amantes.  Los hombres que les gusta tener una sexualidad compartida donde disfrutan de su pareja y quieres satisfacerla, porque ello los “pone”, requieren del no tiempo, es decir, dejarse llevar y volar alto sin pensar en el aterrizaje.

El polvo rápido o amar en libertad

A pesar de la creencia de que todas las mujeres somos multi orgásmicas, o que para ser la amante perfecta se debe tener unas características físicas especiales llevándolas a desear que se pasen por el photoshop, o tener un comportamiento determinado, todo esto es enfundado por estudios, encuestas que nos catalogan como si fuésemos fichas que se puede clasificar. 
Existe una gran diferencia entre la mujer y el hombre, lo cóncavo y convexo, lo frio y caliente, el ying yang; esta diferencia se complementa a tal punto que se crea un vinculo de comunicación entre lo misterioso y exótico, con el deseo; deseo de conocer de entender y crear una unidad de amor y complicidad.


La magia femenina es la energía que conduce la experiencia sexual en pareja. Las  mujeres están dispuestas a abrir  su sexualidad a través del corazón, sus genitales (energía sexual), están en el interior de su cuerpo, que hace más lento despertase y calentarse.  Por lo general la mujer necesita más estimulo erótico y físico previo, con respecto al hombre que tienes sus genitales externos e interioriza su corazón, lo que facilita su estimulación. 
Los condicionamientos sociales, actúan como una máscara que se adopta naturalmente como parte de ser hombre o mujer.  El lenguaje colectivo trasmite que el hombre tiene un fuerte apetito sexual, ellos lo confirman hablando en público de la cantidad de mujeres con las que se ha acostado y como las satisface; tienen en su memoria que ser hombre es tener la capacidad de tener y satisfacer a muchas mujeres en largas y apasionadas faenas amatorias.  Las mujeres  se les reprime su energía sexual desde que empiezan a florecer, no deben expresarla, porque puede ser etiquetada de chica mala; mientras los hombres se encargan de que todos se enteren de que tienen sexo, ellas por el contrario, lo ocultan para parecer “buenas”. 
Los tiempos han cambiado, la mujer se ha liberado, y su sexualidad también.  Hoy día la mujer elige, exige y disfruta.  Y no tiene miedo a expresar cuanto le gusta el sexo y si tiene o no una actividad placentera.  Ya no se etiqueta de chica mala por ello, como tampoco se acepta a aquel que presume de macho sexual;  pues ahora decimos, presume y enseña de lo que careces.  Ahora un hombre quiere tener como compañera a una mujer que tenga la magia y la energía para un buen sexo.  Los hombres están abiertos a intimar desde el corazón explorando y disfrutando de la feminidad, esto conlleva a largos periodos.  Los “mete y  saca” están en vía de extinción para fortuna de nosotras.  Las mujeres actuales, que vivimos variados roles en nuestras vidas, no estamos dispuestas a ser solo una vagina para descargar la insatisfacción masculina.  Hoy día la mujer exige, enseña, y busca el máximo placer sexual, disfrutando de la belleza masculina, del éxtasis que crea en su amado; estos a su vez, disfrutan mas del juego, las caricias, llevándoles a entender que el sexo no es solo penetración y eyaculación, que es un juego que permite mayor placer por tiempo ilimitado.

El sexo es una meditación donde no existe el tiempo, es permitir la libertad en pareja, para exploran y disfrutar de sensaciones.  Es una forma de unir la energía individual y formar una sola energía.  Es una comunión entre dos seres que se entregan y dejan florecer la belleza individual para que el otro goce sin límite. 
El placer sexual está en disfrutar del éxtasis del otro, sin mente, sin espacio, no existe nada, solo la energía del ser, la belleza de su cuerpo,  la intensidad de su pasión.  Permitir explorarse sin límite, aprendiendo que le gusta, y disfrutando que nos exploren, forman parte de ese juego; con el tiempo, permiten una complicidad que puede llevar a la pareja al éxtasis, a volar en el vacio del deseo y la felicidad.
Los condicionamientos sexuales que la sociedad impone, están influenciados por prácticas colectivas de insuficiencia, carencias, y disfunción, debido al estrés, a un ritmo de vida frenético de supervivencia, que no deja espacio para la libertad de expresión en la sexualidad individual.  Es común en lugares de mucho agite laboral, que los hombres buscan el sexo como una forma de relajar su cuerpo, y las mujeres lo hacen para satisfacer esta relajación es sus parejas.  Ellos pasan,  el sexo se convierte en algo físico.  Las mujeres no, porque es algo más emocional, mientras esperan el idílico amante amoroso, se asientan en una insatisfacción que les amarga y crea resentimiento dentro de la relación de pareja, se convierten en el pinche tirano, donde en el día a día le hacen pagar, tratándoles con indiferencia y con la etiqueta de los “hombres son tontos”.  Son tontos porque se pierden de la sexualidad de su pareja, porque en vez de explorar y aprender con ella, exploran afuera, cambiando de amante como si cambiaran de ropa interior, esto es perderse de crecer en su relación y de encontrar la verdadera satisfacción por complicidad, pues no es lo mismo tener sexo con una pareja fortuita, que hacer el amor con alguien que conoces y amas.
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