style="margin-top:40px;". El maltratador psicológico no es el problema - Belleza con Luza Ríos

El maltratador psicológico no es el problema

Soy una chica de 33 años, atractiva e inteligente. Hasta hace 7 meses mi vida era normal, siempre me quejaba de lo sola que me sentía, y trataba de liarme con el primero que se atravesara, hasta que llegó Antonio, el que ahora es mi pareja. Empezamos a salir, y a la semana ya éramos inseparables, a los dos meses él se había mudado a mi piso, por unos días, había tenido un problemilla en su piso, pero nunca cambió nada, ahora lleva y meses en mi casa, y lo peor es que he pasado a ser yo la arrimada, el manda, el grita, el maltrata. Yo no sirvo para nada, soy una idiota, soy fea, me arreglo como una fulana. Todo ha cambiado, y no tengo fuerza para hacer algo para poner punto final a esto. Lo peor de todo, es que hago lo imposible por satisfacer todos sus caprichos, buscando una leve aceptación, con algo mínimamente positivo me siento aliviada. Desconozco esta parte de mí, siempre había sido una persona de mucho carácter, con un alto poder de liderazgo, buena conversadora, divertida. Ahora me siento poca cosa, a veces siento que me merezco esto, y otras veces siento que el tiene razón.

Ya no trabajo, me han cancelado el contrato, Antonio me esperaba a la salida de la empresa, y si me veía hablando con compañeros de trabajo, me trataba mal, con palabras soeces, solo a mí, porque a ellos los ignoraba. He perdido mis facultades de trabajo, no duermo y mi tristeza se refleja en mi aspecto físico. No estoy trabajando, ahora mi casa es mi cárcel, espero durante el día, limpiando y haciendo todo lo que pueda satisfacer a Antonio. Me arreglo para agradarle, pero con temor de que le guste, porque sino voy a tener un problema que puede afectarme tanto física como emocionalmente.
Antonio me grita por todo, todo lo critica, nada le gusta, si no le gusta la comida, debo preparar otra, según su preferencia, y me obliga a comer la que el no quiere. El mientras tanto ve la televisión y habla con sus amigos al teléfono, debo escuchar sus comentarios desagradables sobre mí, porque se ufana de lo idiota que soy ante sus amigos, y ríen. No puedo llorar, porque se enfada, si guardo silencio, dice que estoy tramando algo. Me hace preguntas, pero si contesto algo que no le agrada, me ataca, me maltrata. Aún no me ha dado una paliza, pero si me da bofetadas en la cara, no son fuertes, pero me toca, y me golpea en la cabeza.

Mis amigas no lo saben, pero saben que algo pasa. Ya no soy la misma, mis ojos delatan mi tristeza, he adelgazado, y mi espalda está encorvada. No puedo salir, y cuando me llaman, prefiero no decir nada, estoy mintiendo. Una razón es que me avergüenza lo que pasa, aún no lo entiendo, otra, es que se lo que me van a decir, pero tampoco entiendo porque no lo saco de mi casa. Tengo miedo.
Cuando está agradable conmigo, es solo cuestión de minutos, sólo cuando vamos a tener sexo, y después es asqueroso conmigo. Hasta estos momentos se han vuelto insoportables, ya no me seduce, me usa como un objeto desagradable, y me maltrata. Pero lo curioso, es que cuando le veo interés por mí, me lleno de motivación y me da alegría, claro que se va en contados minutos cuando todo acaba.

Ahora solo convivo con mis pensamientos, son totalmente negativos, no valgo nada, estoy sola, soy fea, y me estoy volviendo vieja. No tengo ninguna motivación, y he perdido la fuerza. Mi carácter desapareció, no tengo casa, autonomía, ni vida. Pero tampoco puedo liberarme, estoy atada por Antonio, y por mi misma con Antonio.

Necesito ayuda, se que nadie puede hacer nada por mi, sola yo puedo hacerlo, pero no se como hacerlo.  Desesperada.
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Alejandro Jodorowsky dijo, “la mente humana, al encontrarse frente a otra mente más potente que ella, tiene tendencia a olvidarse de sí misma”.

Conocer a una persona a través de su máscara es algo casi normal, lo que no es normal, es que nunca nos demos cuenta de que le hemos visto sin esa mascara. El, ya ha dejado su máscara de lado, ha logrado dominio contigo,  pero no lo vez, ese algo tan arraigado que está dentro de ti, no te permite verlo, por eso no reaccionas, porque en tu fuero interno buscas o esperas que el cambie, que vuelva a ser el de antes.
Uno se pasa toda la vida buscando la manera de cambiar a otro, esperando con paciencia, y olvidándose de sí mismo, de que tal vez quien necesite cambiar sea a sí misma. Cuando miramos en nuestro interior y vemos la maravilla de ser que somos, podemos valorar nuestra esencia, y ver la gracia divina que hay. Mientras estemos esperando algo del otro, y no nos veamos a nosotros mismos, nos abandonamos, y permitimos abuso por parte de otro, entonces estamos desvalorando nuestro propio Yo. Pero hay algo más detrás de todo esto. Porque no es casualidad que el maltratador someta a la sumisa o viceversa.
El maltratador no es el problema, Una persona que maltrata no tiene valor de sí misma, por eso tiene que tratarle mal continuamente para que la victima crea que no vale nada, de esta manera  se asegura de llevarle a la sumisión y dominarle; así estará a su altura. Es más fácil bajarle el auto estima a otro, que crecer personalmente.  Menos esfuerzo…El maltratador manda,  da las órdenes; lo necesita, para poder sentirse por encima. 

La relación de pareja es un complemento, con una alta dosis de complicidad, para divertirse, y disfrutar del amor y del placer.  No es una competencia de poder.  Nuestro amor propio exige que la alianza con otra persona, sea absolutamente complementaria, que el otro tenga lo que no se tiene y viceversa, y se entregue en una complicidad de amor y confianza.  Para lograr esto, se debe lograr un encuentro o unión sin mascaras, sin condicionamientos, sin temor; con la libertad de cada uno y la confianza en sí mismo.  La libertad es algo que todos poseemos, es personal, es espiritual.  “Es que yo no soy celoso, yo le permito tener amigos” la libertad no se da, ni se permite, sencillamente la libertad se tiene y es de cada uno que la administre como quiere, no como exige su pareja.

Todos los seres humanos tenemos un punto débil, somos vulnerables de alguna manera, porque vivimos y vemos el mundo desde un punto de vista, del cual hemos aprendido; nos han enseñado nuestros padres, abuelos, maestros, amigos; formando un cúmulo de creencias desde donde juzgamos todo cuanto sucede a nuestro alrededor.  Igualmente se debe observar a sí mismo, lo que soy, lo que poseo, lo que pienso, sin juzgarse.  Solo observándose para buscar lo que hay que mejorar, siempre en función del propio crecimiento personal, centrándose en ver a los demás y a sí mismo con ojos de niño, conectados en el amor.  No se es más, ni menos, sencillamente es Ser.  La libertad es vivir en conexión con el universo, con respeto hacia sí mismo y hacia los demás. 

En la relación de pareja no se debe imponer el egoísmo, es un compartir.  Es un fluir energético que circula de uno hacia el otro y del otro hacia el uno, como un gran círculo que los cubre a los dos. 
EL temor, hace que se manipule a otra persona para someterla a ver y ser lo que el otro quiere, porque no es libre, su miedo no le permite ser libre.  Su temor le hace sacar lo más pueril de sí mismo para que la otra persona no vea, ni escuche, ni sienta; de esta forma se asegura de tener todo bajo control. 
El maltratador tiene la necesidad de imponer todo con su fuerza, el poder y el miedo es su plato fuerte.  Las ataduras que crea para su pareja, le dan la garantía que el necesita para creer que esa persona es solo de él: “El es mío”, “sino es mío no será de nadie”, “eres mía”,  “no puedes ver a nadie”; “estoy seguro de que ella me es fiel (no puede salir, sino es con él, se ha asegurado de dejarla en casa controlada”)  pienso… libertad? De quien, de donde?
La observación hacia ti mismo y hacia la otra persona, sin juzgar, sencillamente observar, sentir la presencia sin artilugios, mirar desde afuera, sentirse sin apegos, sin emoción alguna, solo presenciando. 

Un ejercicio diario para presenciarse a sí mismo: ponte frente al espejo, mírate a los ojos, observa, siente tu energía, sigue observando durante 15 minutos;  observa la maravilla que se refleja en el espejo, la belleza, el amor, deja de lado toda emoción negativa, conéctate con la compasión, el amor y la admiración hacia ti.  Cuando te ames, y comprendas lo valiosa que eres como persona, permitirás la llegada de personas que te amen tanto como a ti misma. 
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